Olor a membrillo

Hoy mi casa huele a membrillos, a recuerdos.

Ojalá hubiera visto a mi abuela en mi cocina moviendo el puchero.

Nuestro membrillo ha dado frutos allí, donde ningún otro árbol quiso estar, donde todos morían. Como si ella en la tierra le transmitiera la vida.

Quiero pensar que este aroma que me manda es un último beso, un último mimo de los mil caprichos que ella siempre me había cocinado, de las mil maneras con las que expresaba el amor con sus manos.

Hoy son mis hijos los que huelen el membrillo, que tanta vida y tanta muerte me recuerda.

Hoy son sus abuelos los que removían, los que recogían, sin saberlo, el aroma de los recuerdos.

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