Vamos al cole

(Experiencia personal)

Al poco de nacer nuestro pequeño, fuimos a visitar la guardería donde le íbamos a llevar cuando se acabara mi baja. Siempre había defendido que los niños estaban mejor en un sitio especializado que con los abuelos y que una mujer no debería dejar de trabajar por cuidar de sus hijos (ya sabes, nunca digas nunca).

Salí contenta por el sitio, pero con el corazón encogido y sin poder pensar en el momento de dejar a mi hijo allí. Fueron pasando las semanas y empecé a tener en cuenta otras opciones: ¿y si buscamos una madre de día? ¿tal vez un familiar al que podamos contratar? ¿y los abuelos?. Al final, me eché un día a llorar: no quería dejarle, no podía hacerlo.

Pude estar sin trabajar hasta que el chiquinino tuvo casi dos años y, entonces, se quedó con los abuelos. Nunca fue a la guardería. No creo que un niño tenga que ir antes a la guardería para acostumbrarse al colegio. Me parece ilógico. Si le va a costar la separación y la dinámica que supone ir a la escuela, cuanto más tarde se produzca, más madurez tendrá para poder afrontarlo. Yo, desde luego, no me pongo a trabajar unos días antes de que se me acaben las vacaciones para que la vuelta al trabajo sea menos traumática.

El tiempo fue pasando y no quería pararme a pensar que un día tendría que elegir colegio. En el fondo, pensaba que podría obrarse un milagro y que, de repente, todos los colegios comenzaran a ser tan respetuosos con mi hijo como yo quería (o al menos se creara uno en mi ciudad). Quería que su profe fuera una persona cariñosa y paciente, que tuviera un período de adaptación que me convenciera, que trabajaran con la pedagogía Walford…

Al final la decisión estuvo marcada por el destino: a papá le daban traslado en un cole cercano a casa. La decisión tomó un carácter familiar.

Me pasé todo el verano con un montón de inquietudes y preguntándome si habíamos hecho bien en elegir ese cole. Sin embargo, tenía una cosa clara que me sirvió para reconfortarme: si lo pasaba mal, le sacaba.

Había buscado información sobre el período de adaptación desde hacía tiempo y un mes antes de que llegara el gran día, empezamos con ello (puedes leer mi post sobre pautas del período de adaptación aquí).

Compramos un despertador genial con luz y sonidos suaves (ponemos unos pajaritos cantando) para que la hora de levantarse viniera marcada de forma externa a nosotros. Fuimos cambiando el horario poco a poco y resultó más fácil de lo que esperaba. Además, el despertador nos trajo una sorpresa añadida: dejar de preguntar si ya es de día. Podéis verle a continuación:

Una de las cosas que más le gustó fue nuestro calendario de piedrecitas que podéis ver en la foto:

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Fue muy sencillo de hacer (metimos tantas piedras de colores como días quedaban y fuimos sacando una cada día). Lo recomiendo para cualquier acontecimiento que queráis señalar. Lo entendió perfectamente y le hablaba a todo el mundo de él. Sacar la última piedra justo antes de ir al cole, le supuso una ilusión enorme.

Comenzamos a hablar del cole, de lo que iba a hacer, de lo que iba a sentir, con quién iba a estar, dónde íbamos a estar mientras nosotros… En seguida lo tuvo claro: no quería ir. La idea de estar sin mamá allí no le hacía ninguna gracia. Pero seguimos hablando, contando lo bueno y lo malo, nombrando a su profe, visitando el centro por fuera…

También hicimos con él unas pulseras de hilo para llevarlas igual los tres. La idea surgió porque él quería un anillo de estar juntos como el de mamá y papá (nuestra alianza) y cuando vi en De mi casa al mundo su pulsera mágica (puedes verla aquí) me pareció una idea perfecta. Simplificamos el proceso, pero a él le encantó. Además, la usa como transmisor para hablarnos y enviarnos besos.

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Según se acercaba la fecha, mis miedos crecían: ¿cómo se iba a sentir cuando me necesitara y no estuviera? ¿y si otro niño le hacía daño? ¿y si se caía? ¿y si necesitaba un abrazo?

Además, no podía evitar que una pregunta rondara por mi cabeza constantemente: cuando llegara el momento, ¿qué iba a hacer si lloraba? Quizás todas nuestras pautas no eran suficiente y él todavía no estaba preparado… Busqué información sobre qué tenía que hacer en ese momento, pero no encontraba nada más allá de consejos para tranquilizarte a ti misma y que pensaras que él estaba bien. No, si está llorando, no está bien. Así que al final tomé una decisión: si lo pasaba mal, no entraba: me quedaría con él tranquilizándole para que entrara cuando estuviera preparado y si no, me lo llevaría para casa y lo intentaríamos al día siguiente; seguro que en algún momento se sentiría familiarizado con la situación y accedería, no había ninguna prisa porque me daba igual a quién le pudiera molestar.

La noche antes, escuché la canción de despedida de Cantando a mamá (puedes escucharla aquí). No pude evitar emocionarme y decidí hacerla nuestra. Con ella descargué mi propia angustia de separación.

adaptacionY llegó el gran día. Estábamos vistiéndonos cuando me preguntó si iba a ir al cole. Se echó a llorar y nos abrazamos. Le dije que yo también le iba a echar de menos pero que sabía que iba a estar bien. Desayunando le puse la canción y se emocionó pero al rato empezaba a cantarla conmigo. Llenamos la mochila y los bolsillos del baby de besos, lo cual le hizo mucha gracia porque le di besos a todos los dibujos para que no se sintieran solos. Y entonces, me apremió para que nos fuéramos ya al cole. Allí, en la fila, empezamos a cantar los dos juntos la canción de despedida, pero le asomaban a los ojos las lágrimas, así que opté por abrazarle, llenarle con un poco más de besos los bolsillos, desearle que se lo pasara muy bien y recordarle que iba a estar allí cuando saliera. Entró con los ojos brillantes pero ilusionado, sonriendo, y dejándonos a nosotros con un extraño vacío y unas repentinas ganas de llorar al ver cómo, de repente, nuestro niño había crecido.

4 comentarios

  1. Aquí en Alemania es totalmente diferente y hay periodo de adaptación en el que la madre (o el padre) van con el niño y están dentro de la guardería con él, cada día un poco menos, también según ven como se siente el niño, hasta que finalmente entra solo. Y aquí en la guardería solo juegan, las “maestras” o cuidadoras están solo observando e intervienen solo si es necesario. La verdad es que están muy bien aquí las guarderías, pero incluso así yo me pongo mala cada vez que pienso en que vaya… Además pienso que, si total va a jugar, por qué no jugar conmigo en casa??

    • Está genial que sea así, me parece mucho más respetuoso. Aquí depende un poco del centro, porque sí conozco alguno que lo hace.
      Sin embargo, encontrar un colegio con esas características, en España es un poco más complicado, sobre todo en lo referente a la metodología didáctica.
      Realmente el post está enfocado a la entrada en el colegio, cuando comienzan infantil.
      Mi peque tampoco ha ido a guardería, pero sí nos parecía necesario escolarizarlo en esta etapa, ya que, aunque no es obligatorio hasta los 6 años, sí es cierto que a partir de los 3 comienza una etapa de socialización en la que lo ideal es que puedan tratar con iguales. Y como no dispongo de una tribu física para que habitualmente esté rodeado de niños de su edad, decidimos que empezara ya el colegio. Pero si el niño no se hubiera adaptado e integrado (aunque le ha costado) no hubiéramos tenido absolutamente ningún problema en sacarlo.

      • Yo intento ir a grupos de juego para que esté con otros niños, aunque por ahora no está en esa edad más social y lo hago más por mi por estar con otras mamás. Bueno, y por el también por cambiar un poco de ambiente. Le encanta jugar con juguetes que él no tiene y le gusta la presencia de otros niños y mamás. Ahora está en una época que cuando digo que volvemos a casa me dice que no quiere, jeje.

        • Ya me le imagino diciendo que con lo bien que se lo está pasando, que él se queda…
          Es cierto que es más pequeño y aún no está en esa etapa social.
          A ti seguro que te viene muy bien hacer algo diferente y desconectar! Es lo mejor de ir a actividades con los niños cuando son tan pequeños: a veces dudas si ellos le sacan provecho o no, pero sabes que al menos tú sí!

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