Tu risa

Me encanta cuando ríes, pequeño,

y tus ojos brillantes me iluminan.

Me encanta cuando ríes, y reluces,

y tintinea tu sonrisa.

Porque cuando ríes, mi niño,

te apoderas de mi vida.


Vuestra sonrisa lo cambia todo. Cambia la luz del día, el cansancio y hasta el enfado parece otro.

No hay otra cosa que prefiera en este mundo que ver en vuestros ojos la risa, la alegría, la felicidad contagiosa que todo lo llena y todo lo conquista.

No puedo evitarlo. Sonrío siempre con vuestra risa.

Intento provocar vuestra carcajada, llenaros de besos la barriga, ser cómplices de cosquillas y bromear con absurdas palabras.

Pero no siempre es así. Siento que a veces vuele entre nosotros el enfado, que las prisas desesperen mis maneras y la tristeza moje vuestros ojos.

A veces no encuentro la manera de salir de mí misma hacia vosotros, de sentir vuestra niñez como si fuera mi yo niña quien quisiera gritar, negar, correr o jugar hasta crecer.

Vuestra alma es tan pura que siempre va tarareando, guiando mis pasos de madre, iluminando mi camino.

Cuando no estoy segura de lo que hago, sólo tengo que escucharla a través de vuestra risa.


Me encanta cuando ríes, pequeña,

y un hoyuelo asoma a tu mejilla.

Me encanta cuando ríes, y reluces,

y tintinea la vida.

Porque cuando ríes, mi niña,

mi mundo se ilumina.


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