No son celos

(Experiencia personal)

Íbamos a tener otro bebé y nuestro pequeño se convertiría, de repente, en el hermano mayor. Me preocupaban los celos: ¿cómo se sentiría mi chiquitino? No quería que sufriera, que tener una hermana fuera un momento difícil para él.

Así que me puse a buscar y a buscar información que nos pudiera ayudar a plantear la situación. Y, sin embargo, sólo encontraba pequeñas referencias con las que, además, no siempre estaba de acuerdo. Al final, decidí que lo mejor era dejarme guiar por el instinto y confiar en que en la crianza respetuosa hay pocos celos.

(Puedes leer mis consejos para evitar los celos ante la llegada de un bebé aquí)

No esperamos ningún tiempo para decirle que mamá tenía un bebé en la barriga. No me gusta hablar como si no estuviera delante. Además, ¿cómo no compartir con él algo tan importante?

Mi pequeño estaba encantado: le daba besos a la barriga, le cantaba, le hacía pedorretas… Yo aprovechaba cualquier oportunidad para mostrarle cómo era un bebé recién nacido, no quería que se hiciera una idea equivocada. Por eso leíamos cuentos relacionados con el tema y hablábamos mucho de cómo sería todo.

Cuando la barriga comenzó a crecer, aparecieron los típicos comentarios bienintencionados sobre lo bien que se lo iba a pasar jugando con su hermanita cuando naciera. O si no, le decían muy serios que iba a tener que cuidarla porque ya era mayor, con un gesto de complicidad hacia mí que no era mutuo. Menos mal que mi hijo, de escuchar mi respuesta tantas veces, tenía la lección bien aprendida: Pero si no va a saber jugar, si es un bebé, sólo va a tomar teta y a dormir o No, yo soy muy pequeño aún, se va a encargar mamá de cuidarla.

De vez en cuando, aparecía algún consejo, rodeado de aire de superioridad, que me decía que no le prestara tanta atención para que se fuera acostumbrando porque a los niños hay que ignorarlos, que no se les puede hacer caso todo el día (con algunos adultos pasa lo mismo). O incluso los que aseguraban que ya tenía celos porque mi hijo estaba demasiado apegado a mí (¿un hijo puede querer demasiado a una madre?)

El consejo más estremecedor que me dieron vino de una mujer que no conocía y que, mientras me atendía, me explicaba que había que hacer sentir especiales a los hijos. Su técnica consistía en meter la mano de sus hijos en los bolsillos y decirles que apretaría la mano de aquel que quería más, mientras apretaba las dos. No puedo imaginar la inseguridad de esos niños, creyendo que el amor de su madre era una competición que había que ganar.

Consejos como esos, los quiero lejos.

Y llegó el día en el que, sin avisar, mi pequeña nació. Le había contado muchas veces que mamá y la niña se quedarían en el hospital unos días, él vendría a vernos con papá y después los dos se irían a casa. Él no estaba muy conforme con eso y quería apuntarse a dormir con nosotras; no pasar las noches juntos fue lo que más nos costó a todos.

Desde el primer día dejamos, sin ningún miedo, que la acariciara, la besara, la mimara,… Brillaba como nadie cuando se la colocábamos en su regazo. Le gustaba mirarla y decirme “Mamá, es nuestra niña”. Descubría en su voz mi mismo tono cuando la hablaba, mis mismas palabras melosas, a veces ridículas, pero rebosantes de amor y de ganas de transmitirlo.

No todo fue fácil. Es cierto que nos costó reubicarnos, encontrar nuestro sitio de nuevo. Todos mucho más cansados, más nerviosos. Más enfadados con el mundo.

No tienen una relación idílica: se enfadan, como todos los niños y todos los hermanos. Pero se quieren, sienten que se tienen. Ella le busca continuamente. Él disfruta haciéndola reír.

Hay muchas personas que, con toda la buena intención del mundo y creyendo que le ayudan a que no tenga celos, quieren hacerle sentir superior. Y entonces comienzan a decirle cosas como “Tú eres más guapo”, estableciendo diferencias entre ellos y alentando a querer ser más que el otro.

Otros quieren hacer una broma sin gracia y le preguntan que si se pueden quedar con su hermana. Sólo para reírse de su reacción, sólo porque faltar el respeto a un niño es fácil y ayuda a sentirse por encima, a posicionarse en la arrogancia con la que un día le trataron de niño.

A veces la gente malinterpreta alguna situación en la que lo más fácil es echarle la culpa a los celos. Como cuando mi peque grande se enfadó con una señora por decir que tenía un hermano muy guapo; ella actuaba condescendiente mirándome con cierta guasa y yo, que me le veía venir, no hacía más que sonreír. “No es guapo. Es guapísima”.

No, no tiene celos. Pese a que a veces a alguien que no le conozca, lo crea. Pero no. A lo mejor en ese momento tiene hambre, o cansancio, o ganas de mamá. De mamá para él solo, sin papá, abuelos, hermanos, ni nadie más.

O puede que en algún momento puntual los sienta. O quizás ella hacia su hermano. Porque los celos al final son naturales y no entienden de edades sino de necesidades, de ganas de compromisos, de privacidad, de exclusividad por un rato.

No sé cómo será su relación en un futuro. Pero tienen un buen comienzo.

Si te ha gustado el post y crees que puede ser útil, te agradezco que lo compartas en las redes sociales y me sigas en ellas: me ayudarás a crecer.

8 comentarios

  1. Me ha gustado mucho este post con vuestra experiencia con el tema de los celos. Me da pena pensar que en alguna ocasión también he metido la pata con comentarios poco acertados hacía niños con hermanos. Espero que saberlo me haga más comprensiva cuando, llegado el caso, alguien los haga, equivocadamente igual que lo hice yo en su día. Además creo que al final, cuando la relación es buena, lo que de verdad importa al niño es lo que dice mamá (menos mal, porque sino menudo cacao de ideas tendría el pobre…)

    • Antes de ser madre, pensaba completamente diferente a como pienso ahora, con una visión de la crianza justamente al revés de lo que pienso en este momento. Yo entiendo que hay mucha gente que lo único que quiere es ayudar y te dicen las cosas que realmente creen que es mejor y yo me lo tomo así.
      Sí que es cierto que al fin y al cabo tú estableces las bases de su crianza y eres la referencia más importante. Pero también se dan cuenta de lo que pasa a su alrededor y, en mi opinión, es necesario que tengan las herramientas suficientes para sentirse seguros

  2. Me ha encantado el post, genial lo de que no tengas celos. A veces por mucho que lo intentes normalizar y hacerle cómplice en la llegada y cuidado del nuevo frutito no puedes escapar a algún momento “de pelusilla” recuerdo como mi Melocotón al tercer día de estar en casa con la Manzanita nos preguntó muy serio “Y hasta cuándo se queda la bebé?” ????????????

    • Jajaja! Pobre! La verdad es que en mi caso nunca he intentado que fuera cómplice ni que sintiera que él tuviera que cambiar algo ni ayudar en nada. La aceptó como un miembro más de la familia que se unía a nosotros y creo que lo sintió así desde que estaba en la barriga… También tienen sus más y sus menos, no te creas!

  3. Me ha encantado tu post y me ha sorprendido un poquito tu primer comentario de que antes de tener niños pensabas totalmente distinto :O (espero que solo en alguna cosilla, jeje) . Yo no tengo pekes (aunque me encantan), pero hay cosas que llevo muy mal, aunque en ese momento este con niños que no sean míos, que sean de familiares o amigos, pero las bromitas pesadas a los niños, o promesas que por supuesto no se van a cumplir que solo se las dicen para que así el niño haga algo….es que no lo soporto, grrrrr.
    Y la señora esa de los bolsillos …de verdad…menos mal que por lo que dices era alguién que no conocías y que por casualidad se te puso un día delante por lo que sea, porque yo creo que si se me ponía mucho por delante la fulminaba, forma mas tonta de crear competitividad negativa entre sus hijos y de crear peleas entre ellos, si es verdad que a veces los celos son culpa de los adultos.
    Besote!!!!!

    • ¡La verdad es que antes de tener niños pensaba de forma diferente en la mayoría de las cosas! Excepto en portear (que lo tenía clarísimo) no pensaba hacer colecho, ni lactancia prolongada, creía que a los bebés había que enseñarles a dormir, que había ignorar las rabietas, y muchos otros mitos. Es más, cada etapa me descubre nuevas cosas que pensaba que no iban a ser así…
      Lo de la señora de la anécdota es terrible… lamentablemente no es la única que piensa así…

  4. Me ha encantado el post Leila! Hace poco he descubierto tu blog y la verdad ya soy fiel seguidora!! Justo hace poco leía este tipo de consejos para la llegada del hermanito (no recuerdo donde la verdad) y parece todo tan lógico!! Yo también era de las que antes pensaba cosas de manera muy diferente a como las pienso ahora..Ojalá que cuando me toque tener al segundo se me de así de bien!! Un saludo y felicidades por el blog!

    • Muchísimas gracias!! Me ha hecho mucha ilusión tu comentario.
      Estoy segura de que, cuando tengas otro, se te va a dar genial!!
      Un abrazo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *