No llores

Los adultos lloramos menos que los niños. Hemos aprendido a canalizar nuestros sentimientos. Quizás también porque la sociedad ha conseguido reprimirnos. Pero los niños lloran. ¿Es que también tenemos que prohibirles eso?

No puedo evitarlo. No soporto que alguien le diga a mis hijos “No llorespara que se calle.

O peor, que añadan: “que eres muy mayor”, como si los adultos no lloráramos.

O pero aún (con el niño): “que los hombres no lloran”.

Les decimos “No llores” y resulta que les hacemos sentir inseguros, incomprendidos, les marcamos diferencias entre hombres y mujeres.

Queremos que ellos sean empáticos, pero no lo somos nosotros.

Seguro que hay quien piensa que hay que enseñarles a diferenciar las cosas importantes, pero quizás se olvida de que, para ellos, es importante (¿Te recuerdas cuando eras niño? Te dejo un post al respecto aquí)

Creemos que lloran por caerse, por buscar mimos o por llamar la atención. Pero lloran como una necesidad de expresarse, de liberar su dolor, su frustración, su emoción.

(En la literatura, sólo las lágrimas pueden aliviar al alma, encarcelada en el cuerpo).

No se trata de no consolar a los niños cuando lloran (al contrario). Sé que a veces nos sale solo y les decimos “no llores” con esa intención. Lo que podemos hacer es reconfortarles con contacto físico (besos, abrazos) y acompañarles en su emoción: nombrar qué sienten y narrar el suceso que ha provocado el llanto. Al poner en palabras la vivencia, es más fácil que racionalicen el hecho y sean capaces de afrontar lo que ha sucedido.

(Otro error que se nos escapa: decirles “No pasa nada”. Puedes leerlo aquí).

Hoy, por ejemplo, iba mi pequeña (16 meses) en el coche abriendo y cerrando un teléfono de juguete. Estaba bastante entretenida y tranquila, lo cual es todo un logro ya que no le gusta mucho el coche, aunque empieza a aceptarlo (puedes leer mi experiencia al respecto aquí). De repente estalló a llorar. Al mirar por el espejo espía (puedes ver el que uso en estos consejos para ir seguros en el coche) vi que se había quitado la tapa del teléfono. No podía parar, íbamos solas y era imposible arreglarlo en ese momento. Así que le dije: “Oh, vaya. Ibas jugando con el teléfono, lo abrías y cerrabas, y ahora se ha quitado y ya no puedes hacerlo”. Algo tan simple como eso hizo que se sintiera comprendida y dejó de llorar.

Probad a hacerlo con una caída: abrazar, besar, contar lo que ha pasado: dónde se ha hecho daño y con qué. Es mucho más gratificante para ambos que decir “No llores, que no es nada”. Y da muchísimo mejor resultado.

Me duele cuando veo a alguien ignorando los lloros de un niño. O diciendo que le hará caso cuando deje de llorar (pero qué daño que ha hecho “Supernanny”). Creo que aún es peor cuando les dicen “llora, llora” o añaden amenazas del tipo “vas a llorar de verdad”, “encima cobras” o “al final va a ser peor”. Reprimir el sentimiento y crear miedo no es muy reconfortante, dan más ganas de llorar.

Si un hombre le dijera lo mismo a su mujer, todos tenemos muy claro el nombre que le pondríamos.

Deberíamos ser capaces de dejar aflorar nuestros sentimientos y de permitir que los demás lo hicieran sin intentar reprimirlos. Nos pone incómodos ver a alguien a llorar.

Si decimos a nuestros hijos “No llores” que sea porque lo acompañamos de una solución. Que sea porque nos sale de lo más hondo de nuestro pesar mientras les besamos y les abrazamos y les hacemos sentir seguros.

Pero no les prohibamos sentir.

Si te ha gustado y crees que está información puede serle útil a alguien (a tu familia, por ejemplo), compártela: hagamos entre todos un mundo más respetuoso.

¿Y a ti? ¿Qué frases típicas se te escapan?

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