Durmiendo juntos

(Experiencia personal)

Ya era de noche. Nos subieron a la habitación. Iba metido dentro de mi camisón, pegado a mi pecho, plácidamente dormido. Yo no podía dejar de acariciarle suavemente. Antes de irse, una mujer, no sé quién era, me dijo que no le separara de mí, que durmiéramos juntos, que me necesitaba así. Era tan pequeño…

Esa noche no pude dormir, demasiada adrenalina, demasiados miedos. Pero mi niño durmió junto a mi corazón sin separarse de mi pecho.

suenoLlegamos a casa. Una cuna en su habitación que pensábamos estrenar antes de los 6 meses (dichosas revistas) y una minicuna al lado de nuestra cama.

Las noches eran agotadoras. No llegaba a dormir dos horas después de tomar el pecho durante casi otra hora. Las noches eran largas, cada vez más pesadas, cada vez más sola. Le dejaba en su cunita y cuando me estaba quedando dormida, un miedo me asaltaba y necesitaba saber que estaba bien, que respiraba.

Empecé a quedarme dormida. Al principio eran sólo unos instantes. Un día me di cuenta de que me había dormido con él en brazos sentada en el borde de la cama. El remordimiento de lo que podía haber pasado se apoderó de mí, pero yo… ya no podía más. Necesitaba dormir.

Así que me le metí en la cama. Me proponía darle el pecho así y devolverle a su sitio, sin darme cuenta que, desde el primer día, mi latido era su nana y sólo así dormíamos.

Las primeras noches me despertaba sobresaltada, con el corazón encogido y retorcido, lleno de los temores que te han dicho. Y, entonces, en la quietud de la noche sólo importaba un movimiento: el vaivén de su pecho respirando.

Poco a poco me dejé llevar, aprendí a disfrutar. A darle besos reales en sueños. A ronronear entre su olor y despertarme con las caricias de sus dedos.

Nunca he sentido el deseo de que se vaya de mi cama. Cuando estaba embarazada y había otra cuna al otro lado del colchón, empecé a pensar que tendría que aprender a dormir dándole la espalda.

Fue tristeza lo que sentí la primera noche que éramos uno más en la cama. No era mi lado, no era mi sitio tan lejos de mi niño, a un extremo de distancia. Puse a mi recién nacida en la cuna de colecho y me recosté en la unión de los colchones; pero ella también estaba así demasiado lejos así que la arrimé dentro de la cama.

Mi niño tan grande y tan pequeño se despertaba aturdido por el cambio, más necesitado de mí y de mi sitio de lo que nunca había estado. Y yo me despertaba echándole de menos, sintiendo el vacío de creer que el tiempo de dormir abrazados, de olernos dormidos, iba a ser sólo algo extraordinario.

No sé por qué no lo hicimos antes. Quizás quisimos seguir el camino que habíamos pensado sólo porque estaba decidido. Pero no era lo mejor. Así no funcionaba.

Volvimos cada uno a nuestro lado de la cama. Y la recién llegada, metida entre papá y mamá, pidió que ese fuera su sitio.

Yo los tengo a los a mi lado. Los acaricio, los beso, los huelo y veo que respiran. Luego me duermo.

2 comentarios

  1. Que bonito. Me ha encantado. A veces me pregunto como será si un día tenemos otro. La verdad es que me pongo un poco nerviosa cuando pienso en que deje de ser el único, aunque creo que le gustará tener un hermano o hermana.

    • Muchas gracias. A mí también me inquietaba mucho cómo se sentiría él y cómo organizaríamos de nuevo nuestra vida. Al principio fue duro volver a encontrar nuestro ritmo, y lo fue para todos. Pero él nunca se ha sentido desplazado ni ha tenido celos, estaba encantado con la idea desde que su hermana estaba en la barriga. Y cada día se buscan más el uno al otro

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