Dormir a tu lado

Lo pienso cada noche, mientras huelo tu pelo y te acaricio con mi nariz suavemente, con cuidado de no despertarte. Ronroneo con tu calor, con el placer de estar a tu lado. Y me duermo con la seguridad de estarte cuidando.

Algún día dejarás mi cama. Irás dando pequeños saltitos hacia la tuya. Me pedirás que me quede un rato, que duerma un poco contigo. Yo iré a verte cada noche, antes de ir a mi cama. Abriré despacio la puerta de tu cuarto para asegurarme que estás bien, para arroparte, para susurrarte “te quiero” en tus sueños y acomodar tu osito en tu regazo.

A veces te despertarás de madrugada pidiendo alguna excusa para meterte en mi cama. Y yo disfrutaré de estar de nuevo a tu lado compartiendo mi almohada con la tranquilidad de saber a cada instante qué es lo que te pasa.

Los años seguirán pasando y te darán la seguridad de dormir sin mí. Y ya no necesitarás que te acompañe a la cama, ni que me levante de noche, ni dormir un poquito más a mi lado. Me pregunto si sabré qué día será la última vez.

Y llegará el momento en el que pases la noche en otra cama, en otra casa, lejos de la mía. Ya no podré levantarme a verte dormir, a escuchar cómo respiras.

(Ni te despertaré a besos.)

Algún día dejarás libre el pequeño espacio en la cama que ocupas a mi lado. Y un inmenso vacío en mi corazón y en mis brazos.

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2 comentarios

  1. Ay madre, precioso y un poco angustioso al mismo tiempo…

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