Cuando no le gusta el coche

(Experiencia personal)

ninos-cocheAntes de tener hijos, pensaba que todos los bebés se dormían en el coche. Incluso me imaginaba (con cierta guasa) saliendo a dar una vuelta a las cinco de la mañana. Pero no. Hay niños a los que no les gusta el coche. A los míos, por ejemplo.

Lloró ya el primer día que montó. Y siguió haciéndolo mucho tiempo. Era desesperante no saber qué hacer, cómo consolarle. Así que paraba, le cogía, intentaba tranquilizarle… Pero había que continuar. Muchas veces llegué a ir llorando yo, pensando en las posibles secuelas que podría estar causando dejarle llorar. Vivimos fuera de la ciudad y necesitamos el coche para desplazarnos, así que el problema no era ocasional.

Intentaba buscar información constantemente con la esperanza de encontrar un consejo que me diera la solución. Sólo me sirvió de consuelo al saber que otras madres estaban pasando por lo mismo, pero no encontré nada que me sirviera. Tenía juguetes sólo para el coche, le ponía diferentes tipo de música, le cantaba… De hecho, durante el embarazo le había cantado muchas veces la misma canción (dicen que, además de tu voz, recuerdan las rimas y la melodía y que, fuera del vientre, reconocen la sensación y les tranquiliza); pero tampoco servía, y eso que él no comprendía la ironía de la canción que mamá había elegido: El cocherito leré.

Ese verano no nos fuimos de vacaciones. Tampoco hicimos ningún viaje largo. Ya habría tiempo.

Poco a poco empezó a mejorar, más o menos sobre el año. Compramos un DVD portátil y unas cuantas temporadas de los Cantajuegos (más de una por nuestra salud mental) y, en cuanto comenzó a gustarle, la situación mejoró bastante (aunque no se solucionó). El primer día que descubres que se ha relajado tanto que se ha dormido, no puedes evitar sonreír.

Ya teníamos superados los trayectos diarios y andábamos cogiendo el truquillo a eso de viajar (parando mucho, con uno de nosotros con él atrás cantando, viendo Pocoyó en el DVD, haciendo el mono…) cuando llegó la chiquitina a nuestras vidas.

Yo cruzaba los dedos y rogaba que, por favor, le gustara el coche. Los primeros días se quedaba dormida en él y nos permitimos el lujo de hacer alguna broma al respecto. Pero no duró. Volvieron los lloros en el coche, la angustia, la ansiedad, las posturas imposibles para llegar a consolarla.

Esta vez me planté antes. Había descubierto la postura en la que la teta llegaba para ser su consuelo, así que no iba a ninguna parte en coche si no nos llevaban a las dos juntas atrás.

En esta ocasión decidimos no dejar de viajar.

Las primeras vacaciones, el viaje fue un infierno: a la vuelta tardamos 13 horas (en vez de 6) y con el mayor con gastroenteritis. Se nos hizo tan largo, que nos dio tiempo a estar convencidos de que no viajábamos más …

Como se nos olvidó, decidimos que el siguiente fuera viajando de noche. Tampoco me convence porque los niños durmiendo toda la noche en la silla no descansan igual. Al final la pequeña lo llevó mejor que el niño, que ya no sabía cómo ponerse. Pero todos estuvimos tan agotados al día siguiente, que también dijimos que no repetíamos experiencia.

Pero como nos gusta viajar, decidimos probar en tren. Y fue una maravilla. La niña en brazos estaba encantada. El niño ya sólo por viajar en tren, estaba emocionado. Y lo mejor de todo: nos podíamos levantar, sentar, ir al baño, jugar, darnos mimos… En breve viajamos de nuevo y hace ya tiempo que tenemos los billetes: por ahora el tren va a ser nuestro transporte para los viajes largos.

En la actualidad, la pequeña va a hacer un año y está empezando a tolerar más el coche a ratitos cortos (unos 10 minutos y con el DVD cantando). Sin embargo, mi pequeño grande, ahora si te descuidas, se queda dormido…

A lo largo de este tiempo, la gente me ha dado muchos consejos desacertados:

  • Que ponga la silla en sentido de la marcha: mis hijos irán a contramarcha hasta que no encuentre una silla que les lleve así y no quede más remedio (haré un post sobre seguridad en el coche en el que hablaré sobre ello).

  • Que monte más en coche (creo que montar todos los días dos viajes de casi media hora, me parece una frecuencia bastante elevada).

  • Que pasee más en silla en vez de en mochila para que no quiera ir en brazos (lo que es contrario a lo que para mí significa el porteo).

No creo que esas opiniones sean, como mínimo, respetuosas con sus necesidades y ritmos. Porque no se trata de que se resignen a estar en una situación a la fuerza, sin protestar, sin manifestar malestar aunque lo sientan.

Yo sé por qué han llorado mis hijos en el coche. Me ha costado entenderlo, pero ahora estoy segura de ello. No se han mareado, ni se han aburrido. Tampoco es que con el tiempo se estén acostumbrado.

Han llorado porque me necesitaban. Como me necesitan para sentirse seguros, para dormir, para comer, para ser su asiento cuando juegan.

El tiempo les da la capacidad de estar un poco más separados, de entender que voy al lado. Pueden comprender que estoy allí, que están a salvo aunque no estén en mis brazos.

Si lees esta entrada buscando un consejo para que tu hijo no llore en el coche, te diré lo que necesitas: tiempo.

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6 comentarios

  1. Me ha gustado tu post, estoy leyéndolo de viaje y voy sentada entre una niña de dos años y otra de casi seis y hace tiempo que comprendí lo que dices, así q nos resignamos a inventar lo que haga falta, y mira q es difícil porque la pequeña pasa de cantajuegos y vídeos, así q teta, libros, pinturas, juguetes, cantar, contar…y paciencia. Creo que entendí q los niños necesitan tiempo cuando nació la segunda.

    • Te imagino perfectamente! Yo a veces voy haciendo equilibrios para que la pequeña no llore y el mayor no se me duerma a las ocho de la tarde… Hay que ver la paciencia y la imaginación que somos capaces de desarrollar! Espero que hayas conseguido tener un viaje lo más llevadero posible para vosotros y también para ellas

  2. Vaya, yo no recuerdo que llorara mucho, lo que supongo que significa que no lo hizo 😉 si no lo recordaría. Al principio cuando era bebé quizá, pero no solíamos hacer viajes muy largos. Quizá el peor que recuerdo fue uno de las últimas navidades (año y medio tenía), ahí sí lloró muchísimo y al final resultó que era por hambre 🙁 Había comido antes de subir al coche por eso no se me ocurrió pensar que se tratase de esa opción, pero se ve que no había comido suficiente… Cuando después de muchas pruebas le di algo de comer fue el resto del viaje (que ya quedaba poco…) todo tranquilo… Ay…
    Sobre los asientos a contramarcha tengo un post en mi blog, si te apetece puedes compartirlo mientras no escribes el tuyo 🙂 Es un tema en el que creo que merece la pena insistir. Yo comparto todo lo que encuentro de a contramarcha porque me parece super importante (y super preocupante lo mucho que se ignora…)
    Volviendo al tema del viaje, nuestros viajes eran como máximo de hora y media cuando íbamos a ver a la familia de mi marido. Yo siempre iba detrás con él. La primera vez que viajé sola con él, cuando era bebé, no tenía ni 6 meses, yo iba asustadísima y él fue tan callado y tranquilo todo el viaje que llegó un momento que me asusté de que hubiese tal silencio, jajaja. Cuando por fin aparqué y lo vi todo tranquilo observando por la ventana, un alivio enorme y un morir de amor.
    Los demás viajes que hice con él, más largos, para ver a mi familia, en avión. La experiencia ya no te la cuento aquí para que el comentario no sea infinito jajaja, pero si te apetece algún día leerla por curiosidad la tengo también en un post en mi blog 😉

    • Me alegro de que a tu peque le guste ir en coche porque créeme: recordarías lo contrario! Me pasaré por tu blog en busca de tus post sobre los viajes y animo a quien lea esto a que haga lo mismo, sobre todo en lo referente a viajar a contramarcha. Estoy de acuerdo contigo en que hay mucho desconocimiento sobre el tema y la mayoría de los padres piensan que, con una buena silla, no hay problema en viajar en sentido de la marcha. Ojalá se destierre pronto este mito

  3. A la mayor le encantaba el coche, todavía hoy, con tres años, es subirse y quedarse dormida. Con el peque no ha habido tanta suerte, no hay absolutamente nada que calme su llanto una vez toca la sillita. Nos toca resignarnos y esperar. Aquí no hay trenes, pero afortunadamente, las distancias son cortas.

    • Nosotros usamos los trenes sólo para los viajes largos, pero el coche nos toca hasta para ir a comprar el pan porque donde vivimos no hay nada…
      Si te sirve de consuelo, mi pequeña (de 14 meses) ha empezado ahora a ir mejor poniéndole los Cantajuegos.
      Ánimo que todo es cuestión de tiempo!

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